CUATRO ELEMENTOS QUE INTEGRAN LA CONSAGRACION QUE DA EL AMOR Lucas 15:8-10

Buena parte del magisterio de Jesús fue impartido bajo la forma de historias conocidas como parábolas. Todas tienen dos niveles de significado. Ponen de relieve una verdad principal de una manera dramática y vívida. Las parábolas guardan, por así decir, el núcleo de la verdad en una nuez que primero hay que cascar. Las parábolas no son para oyentes ociosos, sino para aquellos empeñados en descubrir el mensaje de Jesús. Una vez captada la parábola, el tema se ilumina y la comprensión se hace más honda y profunda.

Al leer Lucas 15 veremos tres diferentes aspectos del proceso por el cual el corazón del hombre se descarría y se aleja de Dios. Allí tenemos a la oveja que se descarría: Ella representa al hombre que está parcialmente consciente y que puede actuar, en parte, de acuerdo con su voluntad, pero que con el transcurso del tiempo se rinde a sus inclinaciones y a la tentación. Luego tenemos la moneda que cae rodando, queda escondida debajo de algún mueble, y se pierde: Esta ilustración describe al hombre sin voluntad, quien a veces casi mecánicamente cae en pecado, se sumerge en él, y queda cubierto con el polvo del mal. Después está la peor de todas las descripciones: el muchacho que tenía pleno conocimiento de lo que estaba haciendo.

Aquí el tema es el amor por los perdidos, y vemos en tres parábolas el amor de Dios, es justamente ese amor que Cristo nos ha demostrado el que nos hace entregarnos a Dios de tal manera que Él pueda utilizarnos como quiera. Se trata en primer lugar del amor a Dios, y después del amor por los perdidos, por la Iglesia y por la causa de Cristo. Mientras más fuerte sea este amor, más desearemos trabajar fielmente en el evangelismo.

Cuando una Iglesia llega  a su madurez entiende que no basta con saber simplemente qué debemos hacer y por qué debemos hacerlo. Ni siquiera es suficiente que deseemos hacerlo, que estemos motivados en alto grado. Debemos estar consagrados, dedicados a Dios y a la obra para la cual Él nos ha escogido, resueltos a hacerla de la manera en que debe ser hecha.

Veamos entonces estos cuatro elementos que nos da el amor cuando nos consagramos:

(A) Hasta encontrarla nos habla de su perseverancia. La dedicación no solamente nos pone a trabajar, sino que nos hace seguir entregando a la tarea nuestros mejores esfuerzos, hasta lograr el éxito. Quien ha perdido esta moneda es una mujer. Tenía diez monedas, quizá las arras de su matrimonio, y se le ha extraviado una. Vemos aquí otra manera de exponer la misma verdad. Al citar a Godet dice Bliss: «Así como la otra (parábola) demostró el cuidado del Salvador por los pecadores abandonados por causa de su lamentable estado, así ésta los presenta como propiedad de tal valor para Él, que no puede cederla». Juan 3:16

(B) La dedicación al evangelismo, pues, comienza con un paso definido de entrega a Dios, dejándole obrar por medio de nosotros como Él quiera. Esa consagración puede reafirmarse de varias maneras: públicamente, o bien privadamente, para hacer una tarea especial, diariamente, o al sentir la necesidad de hacerlo.  Dice Pablo: ay de mi si no predicare el evangelio (1 Corintios 9:16-23). Lo que ha perdido es una moneda de plata, de valor intrínseco, no como el hierro o el plomo. En esa moneda, que es el hombre, está estampada la imagen de Dios y su inscripción. Esta moneda estaba ensuciada en el fango del pecado; pero aun manchada, es de plata y Dios le da un valor tan grande que para rescatarla ha pagado un precio infinito (v. 1 Pedro 1:18–19). El ama de casa de Lucas 15 nos enseña algo en lo referente a la dedicación a la obra. No se contentó con sentarse a llorar porque había perdido su moneda. Decidió hacer algo al respecto y se puso a trabajar de acuerdo a un plan de acción definido. Pudo haber recorrido la casa, solamente mirando, o buscando la moneda a tientas y de rodillas. En cambio, hizo uso de lo que tenía para hacer el trabajo en mejor forma. Encendió una lámpara para ver mejor. Usó una escoba para aumentar su alcance hasta debajo de los muebles y en todos los rincones.

Las escobas varían, según el lugar y la tarea, desde un manojo de ramas hasta las enormes escobas de los camiones que barren las calles de la ciudad. Los métodos y medios del evangelismo también varían. Dios espera que usemos los talentos naturales que Él nos ha dado, y desea obrar a través de nosotros con los dones sobrenaturales del Espíritu Santo. Podemos predicar, enseñar y testificar a la gente que nos rodea. También podemos extender nuestro alcance por medio de literatura, radio, televisión o cursos por correspondencia; enviando misioneros a lugares a donde no podemos ir, y orando por la obra de Dios y sus obreros en todas partes del mundo. ¿Quién sabe qué ministerio Dios le dará a usted algún día? Mientras tanto, es mi oración a Dios que le ayude a Usted a usar bien la escoba que Él ya le ha dado.

La acción de barrer no tiene nada de elegante. Es un trabajo sencillo y duro. Algunas personas tienen la idea que barrer es algo indigno de su posición en la vida, pero es un trabajo imprescindible. También buena parte del trabajo de evangelismo es burdo y duro. Dios no está buscando gente floja para usarla en su servicio. Está llamando gente trabajadora. 2 Timoteo 4:5.

(C) Busca con diligencia nos habla del esmero con que la mujer realizaba el trabajo.  Esta mujer no escatima tiempo ni esfuerzo para encontrar la dracma perdida: «Enciende una lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla» (v. 8). Esto representa los varios medios y diversos métodos que usa Dios para atraer hacia Sí (Juan 6:44) a las almas perdidas: Ha encendido la luz del Evangelio, no para hallar Él el camino hacia nosotros, sino para que nosotros pudiésemos hallar el camino hacia Él; ha puesto en su corazón el traernos a su casa.

(D) La salvación eterna de algunas personas depende de la fidelidad con que usted haga su trabajo. La mujer experimenta un gozo extraordinario por haber hallado la moneda que tanto significaba para ella: «Reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido» (v. 9). Quienes disfrutan de un gozo santo desean que también otros se regocijen con ellos. La agradable sorpresa de haber hallado la moneda que completaba el número de sus diez arras excita a la mujer de tal manera que nos parece oírla, arrebatada de gozo, repetir a sus amigas: « ¡La hallé, la hallé!» No podemos alcanzarlas a todas, pero podemos alcanzar a algunas. No todas aceptarán a Cristo, pero lo harán algunas si nosotros hacemos la parte que nos corresponde. El lugar en que pasen la eternidad dependerá de nuestras oraciones, testimonio, ayuda, y acción conjunta con Dios y con la Iglesia en el evangelismo; y no solo de nuestro pastor.

Finalmente, nuestra dedicación, diligencia, fidelidad y perseverancia a cualquier tarea y lo bien que la hagamos dependen de la importancia que creamos que tiene. La persona que trabaja en una fábrica de aviones, probablemente lo hará con más cuidado si sabe que la seguridad del avión puede depender de la pieza que está haciendo. El campesino cultiva su siembra con mayor cuidado cuando sabe que la vida de su familia depende de ella. A nosotros y a otros que se hallan en el evangelismo, nos estimula el reconocimiento de lo importante que es el trabajo que Dios nos ha encomendado.

Nuestra obra en el evangelismo es importante, no obstante lo insignificante que pueda parecer, puesto que es la tarea que Dios nos ha asignado. Somos socios de Dios en su obra. Él cuenta con que nosotros haremos nuestra parte del trabajo y El hará la suya. Esto es lo que nos anima a seguir trabajando aun cuando nos sintamos cansados y desalentados. El trabajo que Dios nos ha encomendado constituye una parte vital de su gran plan, de modo que Él nos ayudará a hacerlo bien.

La obra que hacemos cada día es importante, porque es posible que ya nos quede poco tiempo para trabajar. El campesino en la plena cosecha del trigo mira las nubes densas y oscuras en el cielo y se apura a trabajar lo más rápido posible. Debe recoger el grano maduro antes de que se desate la tormenta. Si no lo hace, éste quedará desparramado por el suelo y se perderá. Él se siente agotado, pero sigue trabajando. Deja de hacerlo únicamente cuando ha terminado la tarea o cuando la tormenta le obliga a abandonar el campo.

Estamos en tiempos de cosecha. Jamás han estado los campos más en sazón; jamás la gente ha sido más receptiva al Evangelio. Dios está llamando a toda la Iglesia a dejar de lado todos los demás intereses; a olvidar la comodidad y la seguridad, salir al campo y cosechar el grano antes de que se pierda para siempre. El tiempo se acaba, tanto para los obreros como para los inconversos. ¿Cuánto tiempo nos queda para trabajar? ¿Un año? ¿Diez? ¿Seis meses? ¿Solamente hoy? ¿Quién lo sabe?

Las mujeres palestinas recibían diez monedas de plata como regalo matrimonial. Estas monedas tenían un valor sentimental semejante al anillo de bodas y perder una era muy desesperante. Así como la alegría que significaría para una mujer hallar la moneda o el anillo extraviado, también los ángeles se regocijan cuando un pecador se arrepiente. Cada individuo es precioso para Dios. Se aflige por cada perdido y se regocija cuando encuentra y lleva al Reino a alguno de sus hijos. Quizás tendríamos más gozo en nuestras iglesias si testificamos del amor de Jesús y nos preocupamos por el perdido.

De modo que hacemos lo mejor que podemos cada día, contentos con tener parte en la gran cosecha de Dios. ¿Cansados? Bastará una sola hora en el cielo para compensar todo el cansancio. Algún día veremos el rostro del Señor y lo escucharemos decir: — ¡Bien hecho! Ahora tu trabajo está terminado. Ven a casa. — Hasta entonces, hemos de seguir trabajando. ¡Sabemos lo importante que es nuestra labor!

Estas parábolas en Lucas 15 nos enseñan que los que estamos dentro de la iglesia no debemos mirar con menosprecio a los que están fuera. Nosotros, estando dentro de la casa de Dios, podemos estar perdidos si no tenemos amor y humildad. Si no nos concentramos en el estudio practico de la Biblia, conformando paulatinamente nuestras vidas con los principios y objetivos del Evangelio de Nuestro Señor. No es suficiente la aceptación formal de una fórmula mágica. No es suficiente con el desarrollo de un neo–fariseísmo. Necesitamos una vida plena en Cristo que solo se da en el contexto de un peregrinar hacia el completamiento de nuestra condición humana según el arquetipo que se nos ha dado en la persona de Jesucristo.

Hoy, cuando el mundo se encuentra sometido a las más grandes tensiones, hoy como ayer, el Señor exige mucho más de aquellos que le confiesan como Señor y Salvador, que de otros que no le reconocen. Si el Señor viniera hoy, sería más exigente con los evangélicos que con los que no lo han aceptado. ¿Por qué haría esto Jesús? Por la sencilla razón de que Él nos ha llamado al crecimiento, al desarrollo de nuestra condición de discípulos suyos y muchas veces nos hemos conformado con una vida mediocre. Porque no hemos aceptado el desafío a seguirle en el camino. Al hacer estas afirmaciones nos estamos refiriendo por supuesto a una buena parte de las personas que militan en las Iglesias Evangélicas. Gracias a Dios que queda un remanente, como en el pasado, que le es fiel a su Señor y está tratando de ubicarse en la situación concreta en que Dios nos ha colocado para ser testigos de Cristo y agentes de evangelización. Oremos

26 DE JULIO DEL 2015, GUADALAJARA, JALISCO MÉXICO.

Iglesia Nueva Jerusalén.

Ibrahim Mauricio Mateo Cruz

LA VOZ DE LA ORACIÓN (Salmo 5)

La oración es el grito interior del alma. El salmista da libre curso al sincero deseo del alma en el cap. 5. Todo el capítulo es una hermosa sinfonía sobre la oración. Examinemos la oración de un alma en el principio de los pactos de Dios con el hombre… «Plegaria pidiendo protección»

En la tradición de los dos salmos anteriores, el quinto presenta la súplica de una persona acusada injustamente y que acude humildemente al Señor para presentar su caso e implorar justicia. Sus acusadores son personas insensatas, mentirosas, malvadas, sanguinarias y engañadoras, que no se inhiben hasta lograr sus objetivos de maldad. El salmista invoca la intervención de Dios y clama por el castigo y la caída de sus enemigos. Finaliza el poema con una gran declaración de confianza por la capacidad de salvación divina y por su compromiso con la defensa de la persona justa.

  • El Señor escucha mis palabras: vv. 1–3

La oración comienza con una petición del salmista, con un clamor intenso: ¡Señor «escucha mí gemir» y «atiende a mi clamor»! Esas expresiones, características de los salmos de lamentación, ponen de manifiesto la magnitud de la aflicción, revelan la intensidad del dolor, subrayan la necesidad del adorador, identifican la angustia del salmista. Más que una palabra religiosa superficial o una oración memorizada de poca significación, el poeta se presenta ante Dios con un clamor profundo, con una plegaria intensa, con una oración de petición y ayuda. La referencia a la oración «temprano en la mañana» indica la urgencia del clamor.

La confianza del salmista está en que Dios le puede escuchar, pues le reconoce como su rey y su Dios. La oración es intensa e íntima. ¡Reconoce el autor la autoridad divina sobre los monarcas humanos! El salmista llega al más alto foro legal en donde puede presentar su caso, ante Dios. El Señor es el juez por excelencia, que tiene la capacidad de establecer la justicia en el instante oportuno.

Las expresiones «mi Rey» y «mi Dios» revelan el sentimiento profundo del adorador: El Señor no es al monarca distante despreocupado por los dolores de su pueblo, ni es la divinidad impersonal ajena a las dinámicas diarias de su pueblo. Para el salmista, el Señor es el Dios cercano e íntimo, que le brinda las fuerzas necesarias para confiar y esperar su intervención redentora.

  • El futuro de los insensatos: vv. 4–6v. Junto a una afirmación teológica en torno a la divinidad, el salmista describe a sus adversarios. ¡Insensatos y arrogantes que se complacen en la maldad y la injusticia! El Dios del salmista no acepta la maldad como un comportamiento adecuado, ni permite a los inicuos estar delante de su presencia. El Señor destruye a los mentirosos; y abomina, el Dios del salmista, a la gente sanguinaria y engañadora.

Estas afirmaciones teológicas, que revelan la naturaleza justa de Dios, ponen en clara evidencia un nivel avanzado en el desarrollo religioso del salmista y de la humanidad. Aunque esas declaraciones están muy acorde con la teología cristiana, la literatura antigua presenta los excesos, conflictos y las actitudes caprichosas de las divinidades de las ciudades antiguas de Canaán y Ugarit.

La relación íntima y la dinámica recíproca entre la justicia y la divinidad es una contribución significativa de la literatura bíblica a la teología. El Dios de las Sagradas Escrituras es justo, y esa naturaleza especial le hace rechazar la maldad como una manifestación divina adecuada. Las expresiones de rechazo—p.e., «no habitarán junto a ti» y «no estarán delante de tus ojos»—pueden aludir a la negativa divina ante los gestos, las oraciones y los sacrificios de adoradores que llegan al Templo, pero que actúan de acuerdo a la maldad.

De acuerdo a la teología del salmo el Señor rechaza tanto el pecado como al pecador. Esa afirmación, que puede parecer extraña en la teología cristiana, puede entenderse a la luz de una comprensión más amplia de la afirmación. En efecto, Dios rechaza todo lo relacionado con el pecado, inclusive a las personas, hasta que se incorpora una actitud de arrepentimiento y humildad. Cuando la persona pone fin a su actitud siniestra de maldad, entonces se aleja del juicio divino y recibe la misericordia de Dios. 4. Considerad la expectación de la oración: a) La verdadera oración será llena con la mirada de fe. b) Esta oración denota expectación.

  • El Señor me guía en su justicia: vv. 7–8: En contraposición a la actitud adversa de sus enemigos, el salmista se presenta ante Dios con humildad y se allega al Templo esperando la misericordia divina. Reconoce la importancia del Templo como Casa de Dios, y se dispone a adorar con reverencia. Y el resultado de su gestión religiosa es un clamor extraordinario: ¡Señor guíame en tu justicia!

Adorar «hacia el santo Templo» revela la costumbre antigua de los judíos de la diáspora de hacer sus oraciones, o cumplir sus responsabilidades religiosas, orientados hacia Jerusalén, la Santa Ciudad, en donde estaba ubicado en Templo (1 R 8:35, 38, 42; Sal 28:2; 134:2; 138:2; Dan 6:10). Esa práctica presuponía que Dios habitaba en el Templo, que transmitía la idea de morada o casa. Orar orientado hacia el Templo era una manera de reconocer la presencia divina en ese lugar.

La petición final del salmista, «endereza tu camino», es una forma figurada de pedirle a Dios que le ayude y le permita enfrentar las dificultades de la vida con sabiduría y autoridad. No le pide al Señor que lo saque del camino ni que le evite las adversidades, sino que le prepare el sendero y le ayude a transitar la vida con valor y firmeza.  5. Considerad la confianza de la oración: a) «… Entraré en tu casa…» (v. 7). b) «En tu santo templo me postraré, lleno de tu temor» (v. 7). 6. Considerad la reverencia de la oración: a) «Mas yo por la abundancia de tu misericordia…» (v. 7). b) «En tu santo templo me postraré, lleno de temor» (v. 7).

  • El castigo de los mentirosos: vv. 9–10: Esta sección describe de forma gráfica a los enemigos del salmista: La boca de ellos comunica mentiras y falsedades; y su interior—es decir, lo que se anida en lo más profundo del ser—, está lleno de maldad. Sus adversarios son hipócritas, malos y mentirosos. Para el salmista, el problema real de quienes le acusan es el sepulcro o la muerte que tienen en su interior.

Esa imagen de la muerte es el fundamento de las acciones de los enemigos del salmista, es la base de las palabras que emiten. La comunicación y las acciones mismas de sus adversarios y perseguidores están influenciadas por el ambiente del sepulcro, que evoca descomposición y destrucción.

Ante esas actitudes, el salmista reclama el juicio divino: ¡Castígalos, Señor, por sus intrigas, por sus transgresiones, por sus rebeliones! ¡Hazlos pagar por lo que me han hecho!, parece decir el poeta en su oración. En su clamor a Dios, le desea que caigan y que sean echados fuera de la presencia divina. Su oración es una plegaria de vindicación firme y decidida, es una oración que responde a sus sentimientos más profundos de dolor y persecución, es un clamor que se origina en sus experiencias adversas de injuriado y calumniado.

El texto revela que se manifiestan en el salmista los resentimientos y los deseos de venganza que deben ser superados para propiciar la salud mental y espiritual. Ante situaciones similares, los seres humanos reaccionan con violencia, y desean verse restaurados y restituidos. Sin embargo, la gente no puede vivir feliz cuando las fuerzas que guían sus vidas están motivadas por la revancha y la venganza. La dicha se manifiesta en las personas cuando el fundamento de sus acciones no es la insanidad que produce el resentimiento, sino la paz que genera la salud mental y espiritual.

  • La alegría de los que confían en Dios: vv. 11–12 La palabra final del salmo es de contentamiento y optimismo. Se alegran las personas que confían en el Señor, pues Dios mismo les defiende, les apoya y les bendice. El Señor es como un escudo protector alrededor de las personas justas, y les manifiesta su favor y su amor. Esas acciones divinas producen en el salmista seguridad, esperanza y regocijo.

El motivo de gozo no es en este caso el juicio o la destrucción de los adversarios del salmista, sino la protección e intervención divina. Amar el nombre divino es una forma de expresar su amor al Señor. En este contexto es importante señalar que en la antigüedad se pensaba que había una relación estrecha e insustituible entre el nombre y la persona que lo lleva. En el particular caso del nombre divino, el Antiguo Testamento está cargado de relatos en los cuales ese nombre tiene gran significación teológica y espiritual (p.ej, Ex 3:13–15; 6:2–3).

La frase final del salmo, «lo rodearás de tu favor», es sinónima de bendición, y presenta una de las características fundamentales de la oración: Aún ante las adversidades más amargas, la gente de fe recibe la bendición divina, pues Dios mismo les rodea de amor. Y aunque la vida se viva en medio de contradicciones y esperanzas, en medio de persecuciones y bendiciones, en medio de problemas y expectativas, en medio de conflictos y posibilidades, la gente justa da voces de júbilo y se regocija en la seguridad que le brinda el Señor. El secreto de la oración, según el salmo, se relaciona con el sentido de justicia y seguridad que manifiesta.

  1. Resultados de una oración así: «Gozo». «En ti se regocijen los que aman tu nombre» (v. 11).

En su importante Epístola a los romanos, el apóstol Pablo cita el versículo nueve de este salmo, en su discurso sobre el poder del pecado que arropa a la humanidad, tanto a judíos como a gentiles (Rom 3:13). Y aunque la finalidad original del salmo no necesariamente se relaciona con la afirmación y teología paulina, la interpretación apostólica es muy válida y pertinente. En efecto, la maldad no tiene la última palabra en la vida, la injusticia no es el destino final de los fieles, la destrucción no constituye el propósito de Dios para la humanidad. Al final de todo, Dios sigue siendo Dios, pues tiene control de la historia y de la humanidad. El favor divino es mayor que la actitud rebelde de los enemigos, pues el amor de Dios es superior a los odios, rencores y resentimientos humanos.

26 de Julio del 2015, Ajijic, Jalisco, México.

Misión Cristiana Bautista agua Viva

SUPLICA INDIVIDUAL DE UN ALMA SEDIENTA DE DIOS. Salmo 63

El Salmo 63 afirma la seguridad que proviene de Dios, e incentiva la relación íntima con el Señor, que tiene implicaciones, valores y consecuencias para la comunidad. Posiblemente el propósito básico del poema es articular los deseos de buscar al Señor y mantenerse al amparo de su amor y misericordia, en medio de alguna situación difícil de la vida. El salmo revela la petición de un israelita piadoso de gozar la presencia y el auxilio de Dios en el Templo de Jerusalén. El poema se mueve anímicamente de la nostalgia por lo que ha perdido por la crisis que atraviesa, a la esperanza de recuperación y disfrute de la presencia y bendición de Dios.

Aunque los estudiosos no se ponen de acuerdo sobre el particular género literario de este salmo, posiblemente se trata de una súplica individual en la cual el poeta articula una serie de peticiones cuando atraviesa una seria dificultad personal. En su estado actual, el poema se incluye en la tradición de los salmos David, de acuerdo con su título hebreo. Posiblemente la mención de la tierra árida y la referencia sequedad hizo que el poema se atribuyera al famoso monarca de Israel, mientras estaba fugitivo en el desierto (véase 1 S 23:14; 2 S 15:22–23). Es importante notar, sin embargo, respecto a esta referencia histórica, que el salmo alude al Templo, ¡que fue construido por Salomón, luego de la muerte de David! (1 R 6–8).

Determinar con precisión la fecha de redacción del salmo es muy difícil, aunque posiblemente, por sus referencias al Templo y al rey, proviene de la época de la monarquía. Este tipo de salmo individual se utilizaba en la antigüedad para apoyar la devoción individual, especialmente en casos de personas perseguidas y atribuladas. Es posible, también, que este salmo provenga de las experiencias de algún israelita exiliado, que anhela regresar al Templo de Jerusalén reconstruido.

Este salmo, en su brevedad, tiene tanto fervor y tan viva devoción como cualquier otro de los salmos de David. Así como las cartas más dulces de Pablo fueron las redactadas en prisión, así también los salmos más dulces de David fueron lo que, como éste, se redactaron en el desierto. I. Su deseo hacia Dios (vv. 1, 2). II. Su estima de Dios (vv. 3, 4). III. Su satisfacción en Dios (v. 5). IV. Su secreta comunión con Dios (v. 6). V. Su gozosa dependencia de Dios (vv. 7, 8). VI. Sus victorias obtenidas, por medio de Dios, contra sus enemigos; y su seguridad de quedar a salvo a pesar de la malignidad de sus adversarios (vv. 9–11). Aunque sigue la forma de súplicas (cf. Sal. 22), no hace un pedido; el salmista adora a Dios y medita acerca de él. Algunos lo clasifican como Salmo de Confianza. El salmista está en una situación difícil, pero esta situación produjo uno de los más lindos salmos. Mejor que la Vida

David, destronado de forma temporal, atraviesa a pie el desierto de Judá, rumbo a su lugar de exilio forzado, al este del Jordán (2 S. 15:23–28; 16:2; 17:16). Aunque la situación política del rey está en un punto muy bajo, su vitalidad espiritual está muy alta.

  1. Dios mi anhelo, vv. 1–4

El salmista tiene sed de Dios: vv. 1–2vv. 1–2: La primera sección del poema expone lo que hace, siente y experimenta el salmista. Para demostrar su afirmación teológica inicial, que el Señor es su Dios, indica que le busca de madrugada, que su alma tiene sed del Señor, y que su carne le anhela—es decir, todo su cuerpo, su vida completa—. Aunque experimenta alguna crisis y dificultad mayor, que se compara a las tierras áridas y sequedades de los desiertos, desea ver y disfrutar nuevamente el poder y la gloria de Dios, además de participar de las ceremonias religiosas en el santuario, que es una manera de referirse al Templo de Jerusalén. El poeta, en medio de las dificultades que atraviesa, recuerda sus experiencias en Jerusalén, y las añora.

La imagen del desierto es importante en el poema, pues revela la intensidad de la crisis, la gravedad del problema. Los desiertos son tierras vastas y extensas donde escasea la vegetación y las fuentes de agua. La vida en esos lugares remotos y hostiles es complicada y difícil. En este salmo, la referencia al desierto representa el entorno de dificultad física que experimenta el poeta, que anhela superar la crisis y disfrutar de la presencia de Dios.

Versículos 1–2

El título nos dice cuándo fue redactado el salmo: cuando David estaba en el desierto de Judá; esto es, probablemente, en los vados de que se nos habla en 2 Samuel 15:28. Incluso en Canaán, a pesar de ser una tierra fértil y bien poblada, había desiertos, lugares menos fértiles y menos poblados que otros. Así pasa en el mundo, y aun en la Iglesia, pero no en el Cielo; allí el desierto florecerá como la rosa. Los mejores y más amados hijos de Dios pueden, a veces, estar confinados en un desierto. Hay salmos apropiados para un desierto y hemos de dar gracias a Dios de que el desierto en que nos hallamos es el desierto de Judá, no el desierto del Pecado. En estos versículos, David se anima a asirse de Dios:

  1. Mediante una fe viva y activa (v. 1): «Oh Dios, mi Dios eres tú». Hemos de reconocer que hay un Dios y que hablamos a alguien que existe realmente y está presente con nosotros cuando decimos: ¡oh Dios!, que es una palabra muy seria ¡lástima que muchas veces se use como una exclamación banal, innecesaria!
  2. Mediante afectos piadosos y devotos: (A) Resuelve buscar a Dios, su favor y su gracia: «Tú eres mi Dios y, por tanto, de madrugada te buscaré, porque ¿no consultará el pueblo a su Dios? (Is. 8:19). Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela (esto es, todo mi ser ansía tener comunión contigo) aquí, en tierra (mejor que, cual tierra) seca y árida donde no hay agua». (B) Anhela gozar de Dios ¿qué es lo que tan apasionadamente desea? ¿Cuál es su petición? (v. 2): «Verte como te contemplaba en el santuario, para ver tu poder y tu gloria». Anhela salir del desierto, no para volver a los placeres y las comodidades de la corte, sino para tener acceso al santuario; y no para ver allí a los sacerdotes ni las ceremonias del culto, sino para ver el poder y la gloria de Jehová. No podemos ver la esencia de Dios, pero, por fe, podemos contemplar su gloria y experimentar su actuación, que es efecto de sus infinitas perfecciones. Eran preciosos aquellos momentos que David pasaba en comunión con Dios en el santuario; era para él una delicia pensar una y otra vez en ellos.

Versículos 3–6

¡Cuán pronto se convierten en alabanzas y acciones de gracias las quejas y oraciones de David! Aunque estaba en un desierto, su corazón se ensanchaba al bendecir a Dios.

  1. Por qué bendecía David a Dios (v. 3): «Porque mejor es tu amor misericordioso que la vida», tanto como la vida eterna supera a la temporal. Tenemos mejores provisiones y posesiones que las que la riqueza de este mundo nos puede proporcionar; y en el servicio de Dios y en comunión con Él, tenemos mejores ocupaciones y goces que los que podemos tener en los negocios y conversaciones de este mundo.
  2. Cómo, y por cuánto tiempo, quiere bendecir a Dios (v. 4): «Así, como he comenzado a hacerlo, te bendeciré durante toda mi vida; los actuales afectos devotos no son cosa de un momento, no pasarán como nube mañanera, sino que irán de más en más como el sol mañanero». Alabar a Dios debe ser la primordial ocupación de nuestra vida entera. «En tu nombre alzaré mis manos» (v. 4b). Hacia el santuario alzaba David sus manos (v. 28:2). En todas nuestras oraciones hemos de comenzar, como nos enseñó el propio Señor, y decir: «Santificado sea tu nombre»; y terminar con la afirmación de: «tuya es la gloria».

¡Oh Dios, tú eres mi Dios! ¡Qué privilegio poder decir esto! El que más conoce a Dios, más lo busca. El salmista no es un extraño para Dios, es un amigo anhelando más comunión. Alma… cuerpo indican que todo su ser desea la comunión con Dios. Tierra árida debe explicar la situación lit. del salmista, pero se refiere también a situaciones de aridez espiritual.

Antes el salmista había tenido experiencia con Dios en el santuario (v. 2); esa experiencia de adoración en la congregación provee el trasfondo para la comunión con Dios aun cuando está en una situación de crisis. El salmista nos da una enseñanza importantísima: nuestra experiencia con Dios en el santuario nos prepara para la comunión con él en otros contextos. Debemos experimentar su poder y su gloria cuando nos reunimos para adorarle; esta experiencia moldea e influye todo lo demás de la vida.

El v. 3 indica la fe profunda del salmista. En el AT la vida natural es importante; Dios quiere que su pueblo disfrute la vida. Pero más importante todavía es el amor de Dios; por eso ha habido mártires (cf. Hech. 20:24).

Esta verdad hemos de expresarla con nuestros labios en alabanza a Dios. El salmista, aunque en el desierto y en peligro de enemigos, quiere expresar su alabanza a Dios. Varias veces en los Salmos, “alzar las manos” se usa para expresar alabanza a Dios. 63:1 Es magnífico escucharle clamar a Dios como suyo: «Dios, Dios mío eres tú». Las palabras en sí son sencillas, lenguaje de niño, pero contienen un mundo de significado. «Dios mío» significa una relación íntima, personal. También habla de un tesoro duradero, que permanece aun cuando todo lo demás ha desvanecido o desaparecido. «Dios mío» significa un recurso suficiente para cualquier crisis.

Es humillante para nosotros notar en el salmista su pasión por Dios, especialmente cuando recordamos lo frío e indiferentes que a menudo somos. Él buscaba al Señor de madrugada, pronto en la vida y temprano cada día. Y le buscaba con un fervor que no admitía el «no» como respuesta. Su alma tenía sed de Dios, su carne se desmayaba con anhelo. De Dios, que significa que todo su ser clamaba en busca de comunión con el Eterno. Su deseo era como la sed intensa de un viajero en tierra seca y árida donde no hay aguas. Esto no está mal como descripción de este mundo: un desierto árido.

63:2 En su memoria viaja y retrocede a aquellos tiempos cuando adoraba en el santuario en Jerusalén, a aquellos momentos inefables cuando con gran emoción cual éxtasis, en contemplación sagrada, veía a Dios en todo Su poder y gloria. Ahora su alma no puede estar contenta con nada menos que una nueva revelación del Señor en esplendidez y fortaleza. Algunos lo llaman la visión beatífica, esta visión de Dios en toda Su gloria divina. Llámese como se llame, es una experiencia que hace a todas las demás glorias parecer como cosa gastada y aburrida.

63:3–4 Entonces, del desierto de Judá, lugar tan inseguro, surge una de las grandes rapsodias de adoración:

«Porque mejor es tu misericordia que la vida;

Mis labios te alabarán.

Así te bendeciré en mi vida;

En tu nombre alzaré mis manos».

La misericordia del Señor es mejor que cualquier otra cosa en la vida. Cuando mejor se emplean los labios humanos es cuando le alaban. Toda la vida no es demasiado tiempo para estar bendiciéndole. Nuestras manos encuentran su razón de ser cuando se levantan a Él en alabanza y oración. 1. Súplica (vv. 1, 2):

  1. a) Comunión (v. 1): no todas las almas que están sedientas buscan a Dios. Cuando decimos, «Tú eres mi Dios», entonces sí deseamos Su presencia.
  2. b) Consuelo (vv. 2): cuando el alma busca a Dios, nunca encuentra temor, sino siempre consuelo y confortamiento.
  3. Contentamiento (vv. 3–6):
  4. a) Dedicación (v. 3): «Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón». (Lc. 12:34). Una dedicación total moldea el juicio y controla los deseos.
  5. b) Acción de gracias (vs. 4–6): un Dios tan inmensamente bueno que satisface los profundos deseos del alma, es digno de toda alabanza.
  1. Dios mi deleite, vv. 5–8

Manifestación de la misericordia divina: 3–8vv. 3–8: El salmista en esta sección, fundamentado en las anteriores declaraciones de esperanza, revela sus deseos hacia el futuro. Su anhelo es regresar al Templo para participar de las ceremonias culticas y poder alabar, glorificar y bendecir a Dios. La expresión «alzaré mis manos» (Sal 28:2; 2 Tim 2:8) es símbolo de oración, alabanza, humildad, reconocimiento del poder divino y gratitud ante la majestad del Señor. El poeta desea dejar atrás el problema y proyectarse al futuro beneficial de la misericordia de Dios.

Para el poeta, la misericordia divina es mayor que la vida, y por esa razón fundamental le alaba. El alma del salmista, que representa en este contexto poético todo su ser, será saciada de «médula y grosura»—p.ej., aceite y manteca—, que de acuerdo con las estipulaciones legales del Pentateuco (Lv 3:16; 7:23) estaban reservadas para el Señor. La idea es que recibirá alimentación divina, abundante y extraordinaria.

La revelación de la misericordia hace que el salmista alabe al Señor con sus labios, con su boca, en su lecho y ¡hasta en las noches! El poeta desea dejar meridianamente claro que sus alabanzas al Señor serán permanentes, pues los labios y la boca representan su vida completa, y el lecho y la noche aluden a la continuidad del tiempo. El alma del salmista—es decir, su existencia plena—está muy cerca y apegada del Señor, pues la diestra divina le ha sostenido y ha sido su socorro. Además, la expresión «de regocijo en la sombra de sus alas», como el águila protege a sus aguiluchos, revela una vez más el rostro maternal y misericordioso de las imágenes de Dios en el salmo. La idea que se destaca es de protección, seguridad, cobertura, abrigo, confianza, refugio.

  1. Con qué placer y deleite desea bendecir a Dios (v. 5): «Como de meollo y de enjundia será saciada mi alma, no sólo como de pan que nutre suficientemente, sino de lo más escogido y delicioso de la carne» (v. Is. 25:6).La comunión con Dios sacia al alma devota (36:8, 65:4), pues dentro del alma devota hay algo que sólo se sacia en la comunión con Dios. «Y con labios de júbilo te alabará mi boca», añade David. Cuando se cree con corazón agradecido, se hace también con la boca confesión agradecida; en ambos casos, para gloria de Dios. No es que la confesión de la boca sea aceptable sin la entrega del corazón (Mt. 15:8), sino que de la abundancia del corazón ha de hablar la boca (45:1). Los labios de alabanza han de ser labios de júbilo.
  2. Cómo se ocupa en pensar en Dios cuando más retirado está del santuario (v. 6): «Te bendeciré… cuando me acuerdo de ti en mi lecho». Dios estaba en todos sus pensamientos, lo cual es lo contrario de lo que ocurre en el caso de los malvados (10:4). Pensar en Dios era algo que siempre tenía a la mano; es decir, cuando se ponía a pensar, hallaba ya su mente ocupada en Dios. Y estos pensamientos permanecían fijos en Él; no sólo se acordaba de Dios, sino que meditaba en Él (v. 6b). Los pensamientos acerca de Dios no han de ser pensamientos pasajeros, que pasan a través de la mente, sino permanentes, que habitan en la mente. David iba ahora de una parte a otra, sin rumbo fijo, pero, adondequiera que iba, llevaba consigo su devoción a Dios. Cuando huye el sueño de nuestros ojos (ya sea por dolor del cuerpo o por preocupación del alma), nuestro espíritu puede descansar si pensamos en Dios. Una hora de piadosa meditación puede, a veces, hacernos más bien que una hora de sueño (v. 4:4; 16:7; 17:3; 119:62).

Versículos 7–11

David expresa aquí su confianza en Dios y su gozosa expectación de Él (v. 7): «En la sombra de tus alas me regocijaré». Es una expresión frecuentemente usada en los salmos (17:8; 36:7; 57:1; 61:4; 91:4), y en ningún otro lugar de la Escritura, excepto Rut 2:12; su sentido, ya explicado, es el de los polluelos que se refugian y resguardan bajo las alas de la gallina. Es deber nuestro el regocijarnos en la sombra de las alas de Dios, es decir, en recurrir a Él por medio de la fe y de la oración, de la misma manera que los polluelos recurren, por instinto, a la madre en momentos de peligro.

  1. Cuál era el fundamento de la confianza que tenía David en Dios: (A) Sus anteriores experiencias del poder de Dios a favor de él (v. 7): «Porque has sido mi socorro cuando otras ayudas y otros ayudadores me han faltado, por eso me regocijaré en la salvación que tú me otorgas y continuaré confiando en ti con santo gozo». (B) La presente y firme sensación interior que experimentaba de que la gracia de Dios le llevaba y sostenía en todos sus pasos (v. 8): «Está mi alma apegada a ti (expresión fuerte; el mismo verbo hebreo de Gn. 2:24), como en un arrobamiento espiritual o mística unión contigo, mientras tu diestra me sostiene, en respuesta al fervor con que me uno a ti».

Se saciará: la figura es de una fiesta. Cuando uno tiene gran hambre, una buena comida le da gozo. Asimismo el ser interior se nutre, se goza y se fortalece con la comunión con Dios y la alabanza a él. El júbilo, que es casi un grito, enfatiza el deleite en adorar a Dios. Dice Calvino que los creyentes, aunque sufran pobreza y persecución, pueden tener gozo, pues “les va bien”, en el mejor sentido de la frase, porque Dios es su amigo. En cambio, los incrédulos han de ser miserables, aunque todo el mundo les admire, porque Dios es su enemigo.

Mi cama y las vigilias pueden sugerir otro tiempo “seco”, cuando uno se queda despierto en la noche. ¡Qué buen tiempo para meditar, recordar lo que Dios ha hecho, alabarle y orar! Los israelitas dividían la noche en tres vigilias, desde la puesta del sol hasta el alba. En el NT se usa el sistema que por influencia egipcia dividía la noche en cuatro vigilias.

El salmista descansa en la seguridad que sólo Dios puede dar (v. 7). Tus alas se usa varias veces (cf. 61:4) como figura de la protección de Dios. También está apegada a Dios. El “se agarra” de Dios y le “sigue de cerca”; puede hablar así porque Dios le sostiene. Todo creyente en Cristo puede disfrutar de la misma promesa. 63:5–8 No hay banquete como esta comunión sagrada. Nuestras almas se alimentan con las delicias más escogidas, y labios gozosos responden y rebosan con gratitud mientras pasamos las horas de la noche en vela, meditando en nuestro glorioso Señor. ¡Qué ayuda nos ha sido! ¿Quién podría medir todo lo que ha hecho por nosotros? Bajo la sombra de Sus alas alzamos nuestro cántico de gozo. Asidos de Él en dependencia de amor y conscientes de nuestra necesidad, Él nos preserva de los peligros vistos y no vistos, y nos fortalece para proseguir a la meta por el premio. 3. Convicción (vv. 7, 8):

  1. a) Escudo (v. 7): ¡Tal vez el «Shekinah» estaba en la mente del autor de este salmo! Es el cántico de un alma satisfecha que halla su escudo en Dios.
  2. b) Sostenimiento (v. 8): el alma tiene profundos anhelos de Dios y siente que está segura en los brazos eternos.
  1. Dios mi defensa, vv. 9–11

Los enemigos serán vencidos y el rey se alegrará: 9–11vv. 9–11: En la sección final se revelan dos temas de gran importancia teológica y práctica para el salmista. En primer lugar, se ponen de manifiesto los deseos hacia sus enemigos, que describe como las personas que intentaban «destruir su alma», que es una manera figurada de enfatizar la seriedad de sus actuaciones. «¡Caerán en los sitios bajos de la tierra!», en una posible alusión a la morada de los muertos. Lo que le espera a sus enemigos es la muerte segura, la destrucción violenta—p.ej., «morir a filo de espada» o «ser presa de los chacales o lobos»—. En la antigüedad, era vergonzoso, espantoso e impensable morir sin ser sepultado, pues el cuerpo se convertía en alimento de los animales salvajes (Is 14:18–20; Jer 7:23).

Se pone término al salmo con el deseo hacia el rey, que se alegrará y regocijará en Dios. Además, el poema añade que cualquier persona que jura o que fundamenta sus acciones en el rey—que puede referirse tanto al monarca humano como a Dios, rey de Israel por excelencia—, será alabada, valorada y apreciada. Mientras la gente que habla la verdad será reconocida, y las personas mentirosas serán calladas, que es una manera de aludir a la muerte.

El salmista culmina el poema con una nota de alegría: La gente fiel se alegrará en Dios, que tapará definitivamente la boca a las personas engañadoras y mentirosas. La fidelidad genera la alegría divina, y la mentira produce destrucción y muerte.

  1. Las victorias que David entreveía en esta esperanza: (A) Que sus enemigos habían de perecer (vv. 9, 10). Había quienes le buscaban para destruirle (v. 9); no se contentaban con arrebatarle la corona, sino que intentaban por todos los medios quitarle la vida. Pero David veía, por fe en Dios, que los que así le perseguían habían de caer en las honduras de la tierra, es decir, en el Seol. Su enemistad hacia David había de acarrearles la muerte. El arma que querían usar contra él (la espada) sería el instrumento de la destrucción de ellos, y sus cuerpos habían de ser pasto de los chacales, los cuales se cebarían en los cadáveres insepultos de los enemigos de David. (B) Que él saldría, al fin, victorioso (v. 11) y volvería a ocupar el trono para el que tres veces había sido ungido: «El rey se alegrará en Dios». La vuelta de David había de ser el consuelo de sus amigos: «Será alabado cualquiera que jura por él» (por David), esto es, que le presta juramento de pleitesía y vasallaje; o, más probable, que jura por Él (Dios), con lo que se compromete solemnemente en algo que es digno de tal juramento y se hace con la más pura intención; ese tal será alabado, al ser premiado con una manifestación de la salvación que Dios otorga. Los que de todo corazón abrazan la causa de Cristo, se gloriarán también en su victoria. Si sufrimos con Él, también reinaremos con Él (v. Ro. 8:17). Con esta victoria, quedarían refutados totalmente los enemigos de David (v. 11b): «Porque la boca de los que hablan mentira será cerrada», especialmente la boca de los que juran en falso, por el nombre de Dios para engañar y defraudar. Estos quedarán reducidos en el Seol al más completo silencio.

En esta “experiencia árida” hay enemigos, pero el salmista está tan ocupado con Dios que solamente aparece ahora. Cuando uno sirve a Dios es cuando sufre más ataques. Pero el salmista está seguro de su victoria. Los enemigos caerán en las profundidades de la tierra, que normalmente se refiere al Seol, el mundo subterráneo de los muertos. Dios verá que sean destruidos. Zorras (shu’alim) puede ser zorras o chacales. El salmista debe tener en mente a chacales, pues ellos devoran carne.

El rey (v. 11); algunos piensan que el autor era David, otros piensan que era otro (en honor a David). Tanto el rey como cualquiera que jura por Dios (él es ambiguo, pero los israelitas sólo juraban por Dios, no por el rey) experimentará este gozo y protección de él. El contraste es entre los incrédulos que hablan mentira, y los que juran por Dios porque confían en él y hablan la verdad. 63:9–10 ¿«Enemigos», has dicho? «Sí, tengo enemigos; hombres que están empeñados en destruirme. Pero están destinados a la destrucción. Morirán una muerte violenta y sufrirán la desgracia de no tener una sepultura decente».

63:11 «Pero yo seguiré disfrutando de Dios. De hecho, todo aquel que se declara leal a Él compartirá el júbilo, mientras que aquellos que aman la mentira serán silenciados». a) Castigo (vv. 9, 10): un declive extraño, al parecer, pero está dicho en un sentido que expresa confianza, y no un sentir vindicativo. Es la seguridad que ha de triunfar la justicia.

  1. b) Propiedad (v. 11): el salmista no se regocija por lo tanto en la caída del enemigo, sino en Dios quien trae gloria al corazón honesto.

Las iglesias y los creyentes descubren en este salmo un gran sentido de intimidad y recogimiento. El poeta desea poner de manifiesto la seguridad que produce estar cerca de Dios y buscarle en la mañana. Y la gente de fe, que debe enfrentar las más agrias adversidades de la vida contemporánea, descubre en sus líneas la palabra grata que sirve de bálsamo al espíritu humano quebrantado.

Jesús utilizó ese anhelo de eternidad y vida cuando le indicó a sus seguidores, el último día de la gran fiesta de los Tabernáculos: «Si alguien tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva» (Jn 7:37–38).

30 de julio del 2015, Ajijic, Jalisco, México. Misión Cristiana Bautista Agua Viva.

Petición por sanidad: EL LEPROSO LIMPIADO (Mateo 8:1–4)

La lepra, como lo es el SIDA hoy, era una enfermedad temida porque no había cura conocida. En el tiempo de Jesús, la palabra lepra denotaba varias enfermedades similares, y algunas de ellas eran contagiosas. Si una persona la contraía, el sacerdote lo declaraba leproso y lo alejaban de su hogar y ciudad.

  1. Su desgracia: la lepra era una enfermedad dolorosa, consumidora, repugnante, fatal. Su víctima vivía sin esperanza, apartada de la gente sana (Lv. 13:45, 46). El pecado tiene las mismas características (Is. 1:6), y apartará para siempre al pecador de los salvos (Is. 59:2, Mt. 22:13; Ap. 21:27).

Lo enviaban a vivir en una comunidad con otros leprosos hasta que se recuperara o muriera. Cuando el leproso rogó a Jesús que lo sanara, Jesús se le acercó y lo tocó, aún cuando su piel estaba cubierta del temido mal. Como la lepra, el pecado es una enfermedad incurable, y todos lo tenemos.

  1. Su decisión: vino a Jesús. Sabía que en ningún otro había esperanza de salud. El que desea salvación debe tomar esta decisión (Hch. 4:12).Solo el toque sanador de Cristo puede milagrosamente poner a un lado nuestros pecados y restaurarnos para que podamos vivir en plenitud. Pero primero, al igual que el leproso, debemos reconocer que no podemos curarnos nosotros mismos y pedir a Cristo su ayuda salvadora.
  2. Su denuedo: corría peligro de ser apedreado por acercarse, en contravención de la ley, a las gentes que seguían a Jesús. Su necesidad le dio coraje. El que realmente siente su necesidad de salvación acudirá a Cristo, cueste lo que costare.

Jesús tocó al leproso, mostrando su poder sobre la enfermedad y su autoridad sobre la ley, que prohibía tal contacto físico con las víctimas de la lepra (véase Lv 13.45–59). Luego le ordenó que se presentara al sacerdote, contraponiendo su autoridad sobre la ley a su compromiso de cumplirla (véase Lv 14.2–32).

Pero, “fíjense bien”,370 este leproso camina derechamente a Jesús, y se arrodilla delante de él con toda humildad, su rostro en tierra (Lc. 5:12), poniendo toda su alma en este acto de reverencia y adoración.371 Mientras lo hace, dice: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”.

Está seguro del poder de Cristo para sanar, de sanar aun a un leproso, a un hombre lleno de lepra (Lc. 5:12), esto es, afectado por la lepra en un estado muy avanzado. En cuanto a que el Maestro quiera efectuar la curación, el leproso se somete completamente a su voluntad. Después de todo, Jesús sabe qué es lo mejor. Naturalmente, espera fervientemente que Aquel ante quien se halla postrado lo librará verdaderamente de esta terrible enfermedad. Su declaración, en la forma de una confesión de fe, incluye una petición urgente.

¿De dónde obtuvo esta confianza en el Salvador? ¿No es del todo probable que haya oído acerca de milagros anteriores realizados en la misma región general (Mt. 4:23, 24; Mr. 1:21–32, 39; Lc. 4:31–41 y Jn. 2:1–11; 4:46–54)? El Señor había aplicado este conocimiento al corazón del leproso. No sabemos si el leproso ya se daba cuenta, aunque confusamente, que por medio de las palabras y milagros de Cristo se estaban cumpliendo las profecías mesiánicas. Bastaría, para honrar su memoria, declarar que esta conmovedora confianza en el poder de Jesús para sanarle aun a él, cuya condición probablemente era considerada por toda otra persona como más allá de toda esperanza, debe servir como ejemplo para todos. Podemos estar completamente seguros que cuando este hombre llamó “Señor” a Jesús (véase sobre 7:21–23), quería decir mucho más que “señor”.

  1. Su duda: «Si quisieres puedes limpiarme» (v. 2). No dudó del poder de Jesús, pero desconfió de su querer. Así piensan los que recurren a mediadores; dudan de la buena voluntad del Salvador, a pesar de su repetida invitación: «Venid» (Mt. 11:28; Jn. 6:37).

Si quieres, thelo; Strong #2309: Desear, querer, deleitarse. Implica la idea de estar listo, de preferir y de tener en mente. Boulomai, vocablo afín en el NT, expresa con más fuerza la voluntad de querer, o sea, el deseo que se impone deliberadamente.

  1. Su dicha: sintió el toque de una mano cariñosa (ninguna otra le habría tocado), oyó la palabra de amor y poder: «Quiero sé limpio». ¡Mayor felicidad goza el pecador perdonado y limpiado! (Sal. 32:1; Sal. 103:3; 1 Jn. 1:7–9). y dijo: Quiero; sé limpio. Repetidas veces los Evangelios hablan del toque sanador de la manos de Cristo (a 8:3 añádase 8:15; 9:18, 25, 29; 17:7; 20:34; Lc. 7:14; 22:51). A veces los enfermos mismos tocaban a Jesús (Mt. 9:20–22; 14:36). De cualquier forma los afligidos eran sanados. Evidentemente en conexión con el contacto físico el poder sanador salía del Salvador y era transmitido a la persona que lo necesitaba. (Mr. 5:30; Lc. 8:46). Sin embargo, ¡esto no era magia! El poder sanador no se originaba en sus dedos ni en su ropa. Venía directamente del Jesús divino y humano, de su voluntad todopoderosa y de su corazón infinitamente compasivo. Había poder sanador en ese toque, porque él era y es “compasivo hacia nuestras debilidades” (Heb. 4:15). No debe el lector dejar de observar que según Mr. 1:41 Jesús “tuvo misericordia” cuando extendió la mano y tocó al leproso. La necesidad y la fe del leproso encontraron una respuesta inmediata en la pronta disposición del Señor para ayudar. Y su prontitud era tal que su poder y su amor se entrelazaban.

A veces se dice que entre las palabras del leproso y las de Jesús hay perfecta correspondencia. Esto es correcto en el sentido que las dos declaraciones no están en conflicto, sino que están en completa armonía, revelando aun una identidad parcial en la fraseología. Sin embargo, uno también podría decir que las palabras del Señor superan la pura “correspondencia”. En verdad, el “si quieres, puedes limpiarme” del leproso recibe como respuesta el “¡sí, puedo!” de Cristo implícito en su acto de sanarlo. Pero el “si quieres” del leproso se ve superado por el rápido y espléndido “quiero” del Maestro. Aquí la voluntad, el querer, se une al poder, y la supresión del “si” unido a la adición del “sé limpio” transforma la condición de repugnante enfermedad en una de salud firme. E inmediatamente su lepra fue limpiada.

  1. Su deber: debía dar testimonio a los sacerdotes incrédulos de la potencia divina de Jesús (v. 4). Todo pecador salvado tiene la obligación de testificar a los incrédulos. La restauración fue inmediata y completa. La frente, los ojos con sus cejas y pestañas, la piel, la membrana mucosa de la nariz y la garganta, los dedos de las manos y de los pies, cualquiera que fuera la parte del cuerpo infectada por el bacilo de la lepra (mycobacterium leprae), fueron completamente e instantáneamente restaurados. Mejor aún, para este hombre se abrió completamente la puerta de la restauración social, cúltica y religiosa, como lo demuestra lo que sigue, a saber, el v. 4. Jesús le dijo: Asegúrate de no decírselo a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote, y, como testimonio ante ellos, presenta la ofrenda que Moisés precribió.

¿Cuál era la razón para la restricción impuesta a este hombre? El contexto no expresa claramente la razón. Sin más consideración podemos desechar la muy especulativa idea de Wrede sobre el “secreto mesiánico”, ya discutido y refutado anteriormente (véanse pp. 69, 70). Merecen atención las siguientes razones sugeridas para explicar la orden dada al leproso de guardar silencio:

  1. Al hombre se le manda que se dé prisa y se dirija al templo en Jerusalén para ser examinado inmediatamente por el sacerdote en conformidad con las leyes de Moisés (Lv. 14, como se señaló más arriba), ser declarado limpio de la lepra y apto para presentar las ofrendas requeridas. Cuando los sacerdotes descubren posteriormente que Jesús fue quien lo sanó, la declarción de su purificación que ya se le habrá dado serviría como testimonio acerca del respeto de Jesús por la ley mosaica (cf. Mt. 5:17) y de su amor y poder empleados para beneficio de los necesitados. Por medio de este testimonio, los sacerdotes que todavía lo rechazan se estarán condenando a sí mismos, porque tal rechazo estaría en conflicto con la evidencia basada en sus propias observaciones. Por supuesto, esto presupone que tan pronto como el leproso fue sanado por Jesús él debe ir inmediatamente a Jerusalén. No debe tardar, porque en tal caso la noticia de que Jesús le había restaurado la salud pudiera llegar a los sacerdotes antes que el leproso mismo, con el resultado que la jerarquía sacerdotal de Jerusalén, por su odio a Jesús, podría negarse a declarar limpio al ex leproso. En consecuencia, el leproso no debía demorar contando a los vecinos y otros acerca del milagro.372

Esta era la enfermedad más temida en los días de Jesús debido a que no tenía cura. Jesús tocó al leproso, con lo cual se contaminaba a sí mismo; y sin embargo su toque significaba curación. También sanó por medio de su palabra: «Sé limpio» (v. 3). Levítico 13 describe la prueba que debía realizar el sacerdote en cuanto a la lepra, y muestra cómo la lepra es un cuadro del pecado: yace más profundo que la piel (Lv 13.3); se extiende (Lv 13.7); contamina (Lv 13.44–45); aísla de Dios y del hombre (Lv 13.46); y se trata con ella con fuego (Lv 13.52). La nación de Israel fue descrita como contaminada con lepra (Is 1.5–6). Levítico 14 describe la ceremonia que el leproso sanado debía atravesar cuando se le declaraba limpio. Describe la obra de la cruz.                       Misión Cristiana Bautista Agua Viva.        27 de agosto del 2015, Ajijic, Jalisco, México.

Mesias encarnado

La encarnación del Mesías, LA VENIDA DEL MESÍAS. Isaías 9.1-7

En estos versículos Isaías habla del libertador venidero que realizará los cambios en la nación que el profeta había mencionado. La venida del Mesías producirá en ellos gozo y prosperidad, cosas de las que habían carecido por años. Su venida cumplirá las promesas hechas a Abraham y David acerca del reino de prosperidad. El niño se criará para llegar a ser el libertador (9:7). No sólo será una señal (8:18) de liberación, sino el libertador mismo. Él efectuará los cambios necesarios para que la nación tenga prosperidad material y espiritual.

Oh ven Emmanuel

Angeles cantando están

Al mundo paz

En estos versículos tenemos una de las más hermosas promesas poéticas del reino venidero del Mesías. Anualmente lo recitamos y lo escuchamos cantar cuando celebramos la Navidad. Sin embargo, también se refiere a una de las verdades más grandes y misteriosas de la Biblia: la encarnación, «un niño nos es nacido, hijo nos es dado». Dios se haría parte de la raza humana. Un niño recién nacido sería llamado «Dios fuerte, Padre eterno». Podemos aceptar esta verdad por fe, pero no podemos comprender plenamente lo que significó, para la segunda persona de la Trinidad, abandonar su estado divino y revestirse de la naturaleza humana. Pero Pablo nos dice que tomó la forma de siervo y vino a la tierra como un ser humano. «Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre» (Filipenses 2.7, 9; Deuteronomio 18.18, 19; Isaías 7.14)

Venid Pastores

Venid Adoremos

Oh Santisimo felicisimo

Constantemente en nuestro pesimismo y desesperación, tememos que las tristezas y los problemas nunca terminen. Pero nos consuela esta certeza: aunque Dios no nos saque de nuestros problemas, nos guiará a salvo a través de ellos si lo seguimos con todo el corazón.

Oh niños venid.

Niño celestial

Venid pastorcillos

QUE PRODUCIRÁ EN LOS HUMANOS ESTE TIERNO NIÑO?  Tres cosas son las que aquí se prometen (vv. 1–5) y todas ellas apuntan, en último término, a la gracia del Evangelio, con que deben animarse los santos en días de tinieblas y oscuridad.

  1. A) UNA LUZ GLORIOSA QUE GRADUALMENTE HARÁ DESAPARECER LA OSCURIDAD, de forma que, a través de las tinieblas, se vayan filtrando los primeros rayos de luz donde antes sólo había negra noche

(B) UN INCREMENTO GLORIOSO, CON EL CONSIGUIENTE REGOCIJO UNIVERSAL (v. 3): «Multiplicaste la nación y aumentaste la alegría». El profeta habla en pretérito como si ya hubiese sucedido lo que anuncia. Es un gozo santo, espiritual, pues «se alegran delante de ti», es decir, en el santuario, donde brillaba la gloria de la presencia especial de Dios. Allí acudirán en actitud de adoración, alabanza y acción de gracias.

  1. C) UNA LIBERTAD GLORIOSA (VV. 4, 5): No hay duda de que el vaticinio consiste en que la luz había de visitar a los que estaban sentados en la oscuridad y a la liberación de los cautivos de que nos habla Lucas 4:18. El objetivo del Evangelio es quebrantar el yugo del pecado y de Satanás, quitar el pesado fardo de la culpa y de la corrupción y otorgarnos la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Cristo quebró el yugo de la ley (Hechos. 15:10; Gálatas 5:1) y nos libró de las manos de nuestros enemigos, para servirle a Él sin miedo (Lucas 1:74, 75). Esto se lleva a cabo mediante el Espíritu, que obra como fuego (Mateo 3:11), no como en la batalla del guerrero, donde se lucha con gritos confusos, puesto que las armas de nuestra milicia no son carnales.

Ved al niñito

Jesus es el Mesias

Alla en el pesebre

Oh Pueblecito de Belén

Santa la noche

QUE  CARACTERISTICAS TENDRA QUIEN HA DE CUMPLIRLO. Pero, ¿quién, y dónde, es el que ha de acometer y llevar a cabo tamaña empresa a favor de los suyos? El profeta nos dice (vv. 6, 7) que lo hará el Mesías, Emanuel (7:14). En su estilo profético, da por ya cumplido lo que profetiza de Él. Todo lo que Dios hace, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, lo hace mediante su Verbo, el único Mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5).

Angeles alzad el canto

Noche de Paz

Oid un son

EXALTEMOS A NUESTRO SEÑOR. Este niño, Hijo de Dios e Hijo del Hombre, está investido del mayor honor y poder, de forma que no podemos menos de sentirnos felices si es nuestro amigo.

(a) Es Maravilloso Consejero, porque conoce, desde la eternidad, los designios de Dios (Juan 1:18). Él es la Sabiduría del Padre y nos ha sido hecho por Dios sabiduría Admirable. Excepcional, sublime y sin par. El de consejos adecuados.

  1. b) Fuerte o Dios, el Fuerte. Así como tiene sabiduría sin límites, así también tiene poder infinito. Puede salvar completamente y perpetuamente (Hebreos 7:25). Dios fuerte. Dios encarnado.

(c) Es perpetuamente Padre; es decir, siempre actúa como un buen padre. Padre eterno. No tiene límite de tiempo; es Dios nuestro Padre. Padre eterno describe al rey y al padre quien provee y protege a su pueblo para siempre (40.9-11; Mt 11.27-30). De este modo, la palabra padre se usa aquí para el papel del Salvador como un rey ideal.

(d) Es Príncipe de paz, porque, como Rey, preserva, ordena y crea paz en Su reino. Él es nuestra paz. Todos esos bienes nos llegan por manos del Mediador. Príncipe de paz Su gobierno es de justicia y paz. Príncipe de paz es el título más emocionante (2.4; 11.6-9; 53.5; Lucas 2.14; Ro 5.1). El niño es el verdadero príncipe, quien tiene el derecho de reinar y quien nos llevará a la paz. Los cuatro nombres dobles combinan aspectos de la divinidad de Jesús y de su humanidad. Juntos, estos nombres dobles afirman la naturaleza dual del Salvador: Él es Dios hecho hombre.

Al rústico pesebre

Gozo en el luto

Hoy es navidad

SU TRONO ESTÁ POR ENCIMA DE TODO OTRO. «El principado se halla sobre su hombro.» su cumplimiento pleno se halla en el Mesías, quien había de llevar sobre su hombro, no sólo la señal de autoridad, la llave de David (22:22), sino también el peso de la responsabilidad en el gobierno.

(a) Se irá extendiendo y dilatando; irá aumentando su lustre, hasta brillar más y más. Especialmente glorioso será durante el reino mesiánico milenario.

(b) Será un imperio de paz ilimitada, pues gobernará con amor, que es creador de paz, y no habrá peligro de que esta paz sea turbada desde el exterior, tanto porque quebrantará con cetro de hierro a los enemigos como por estar atado Satanás, el gran enemigo de la paz y de la dicha de la humanidad (Ap. 20:1–3).

  1. c) Su gobierno será administrado con prudencia y equidad (v. 7b): «consolidado en juicio y en justicia desde ahora y para siempre».
  2. d) Dios mismo se ha comprometido a poner esto por obra (v. 7c): «El celo de Jehová de las huestes realizará esto», frase con la que se nos asegura el indefectible cumplimiento de la promesa divina.

Dios ha dispuesto de todo para tener este regalo que es conocerle y saber que en el hay salvación y vida eterna.

Oremos.

Culto cantado de Navidad.

Ibrahim Mauricio Mateo Cruz,

21 de diciembre de 2014,

Misión Cristiana Bautista Agua Viva

Ajijic, Jalisco, México

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